Mili es un galápago hembra de 8 años de edad que pesa tan solo 350 gr y comparte acuaterrario con otra compañera. Cuando acude a la consulta de animales exóticos de Európolis Veterinaria, lleva varios meses sin comer, su caparazón está blando y tiene heridas en las patas y en la cola. Además no se mueve bien.

En primer lugar una completa anamnesis nos confirmó que las condiciones del hábitat de las tortugas era insuficiente ya que no tenían la temperatura, la luz ni la alimentación adecuadas. Tras la exploración nos percatamos de que las heridas de Mili son necrosis consecuencia de la parálisis que sufre en las extremidades posteriores. Además su poco peso se debe a una mala alimentación. Su compañera de acuario, Pili, de la misma edad, pesa 1Kg. Durante toda su vida juntas, la tortuga grande ha impedido que Mili se alimente correctamente. El animal está muy delgado y apenas con fuerzas para moverse.

En la exploración el veterinario observa que presenta manchas rosas en el caparazón, lo que puede significar que esté septicémica, es decir que las bacterias han llegado a su sangre y se extienden por el cuerpo.

Se realiza una radiografía para ver el estado de sus pulmones por si están ya afectados por la septicemia, lo que sería un indicador de que no estamos a tiempo. Pero no es así. Además una analítica completa nos revela que efectivamente está septicémica, pero que su enfermedad todavía puede revertirse. Sin olvidar que este galápago sufre un problema muy avanzado de enfermedad osea metabólica.

Aunque Mili acude a consulta muy grave y en estado septicémico, tras varios meses de tratamiento continuado, curas y la modificación de su hábitat que incluyó la separación de su compañera, Mili se recuperó satisfactoriamente. Y hoy, un año después, pesa nada más y nada menos que 530g. Su caparazón está duro y se mueve perfectamente. Las heridas de sus extremidades cicatrizaron satisfactoriamente.

¡Quiero compartir esto!